Wilkie Collins

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Wilkie Collins

William Wilkie Collins

"Muchos lectores que hoy devoran ciertas novelas de éxito, tal vez se sorprenderían de encontrar ya esas emociones, corregidas y aumentadas, en Wilkie Collins".

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William Wilkie Collins nació en Londres en 1824, ciudad en la que moriría 65 años después. Su padre, el famoso paisajista del mismo nombre, le inculcó unos rígidos principios religiosos que él no seguiría. Entró a los 17 años a trabajar en una empresa, trabajo que abandonaría para iniciar sus estudios de leyes en 1846. Aunque nunca ejerció como abogado, es indudable que esos conocimientos los aprovecharía en muchas de sus novelas en las que critica algunas leyes inglesas. En 1851 conoció a Charles Dickens, al que le unió una estrecha amistad. Lo que les unió fue su afición al teatro, como actores y como autores. Escribieron varias obras teatrales en colaboración.

Unos años antes había iniciado su carrera literaria, pero la literatura se convirtió en su única dedicación en 1850, con la publicación de una novela histórica, Antonina o la caída de Roma. El éxito, el prestigio, la fama y el dinero le llegarían, casi una década después, con La dama de blanco. En 1859 empezó a publicar esta novela en una revista semanal que editaba Dickens; en 1860 apareció en forma de libro y constituyó un éxito apabullante, incluso para el mismo Collins: los lectores se amontonaban para comprar el libro y conocer el final de esta novela de misterio, pues su desenlace no había aparecido todavía en la revista. Esta novela parte de un hecho real: paseando una noche por Londres con unos amigos, vieron a una mujer vestida de blanco, que les pidió ayuda y desapareció en la noche. Esta mujer, acosada por un marido trastornado, era Caroline Graves, con la que Collins, que había investigado su paradero, iniciaría una relación amorosa que duraría toda su vida, pero con muchos altibajos, pues, él, que no se casó nunca, empezó una relación con Martha Rudd, con la que tuvo tres hijos.

Aunque Collins vivió en la mojigata época victoriana, su vida, libre y poco convencional, a caballo entre dos hogares, escapó al rígido corsé moral que oprimía la vida de muchos de sus conciudadanos. La dama de blanco, con sus personajes femeninos, Laura y Marion Halcombe, que fascinaban a los lectores porque parecían personajes “reales”, con su compleja trama, contada desde diferentes puntos de vista, a través de cartas - por lo que podemos hablar de novela epistolar- inaugura su época más productiva. A esta le siguen, Armadale y Sin nombre, ambas de 1862. La piedra lunar (1868 ) le supuso un éxito aún mayor, en ella sigue las mismas técnicas que en La dama de blanco, e inicia la novela detectivesca, tal como la entendemos hoy. Su detective, el sargento Cuff, tendrá famosos continuadores, como Sherlock Holmes. También en esta novela partió de un hecho real. En 1870 publicó Marido y mujer, que primeramente apareció como folletín; en esta obra, como ya hizo en Sin nombre, critica las absurdas leyes que perjudican a las mujeres.

En 1873 viajó a los Estados Unidos, donde sus novelas eran muy populares. Allí ofreció, como su amigo Dickens, lecturas dramatizadas de sus novelas, que atraían gran cantidad de público. Siguió publicando en folletines porque tenía interés en llegar a numeroso público. En 1879 publicó Las hojas caídas, cuyo personaje principal, un joven socialista utópico, presenta paralelismos con el propio Collins, pues al igual que éste, se debate entre el amor de dos mujeres. La producción de Wilkie Collins es mucho más extensa que la aquí mencionada. He destacado las obras más conocidas. No cabe duda de que Collins fue un autor infatigable, a pesar de que durante muchos años tomó laúdano para aliviar los dolores de su artrosis. Este consumo le creó una adicción que le provocaba alucinaciones.

Recibió muchos elogios de H. James y de Jorge L. Borges, entre otros colegas. Conocida es la estimación de Borges por La dama de blanco y La piedra lunar. El misterio de sus obras, el magnetismo de sus personajes, con malvados, y alguna malvada, antológicos, su conocimiento del mundo femenino, su defensa de las mujeres y su maestría en enredar y desenredar la trama explican su éxito. Nos ofrece una visión muy crítica de alta sociedad británica, sin olvidar una galería extraordinaria de sirvientes. En suma, novela de misterio, novela sentimental, novela psicológica y novela realista, pero con una mirada crítica que lo aleja del mundo más edulcorado de las novelas de J. Austen. Muchos lectores que hoy devoran ciertas novelas de éxito, tal vez se sorprenderían de encontrar ya esas emociones, corregidas y aumentadas, en W. Collins.

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