Sin nombre (No Name) - Wilkie Collins

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Wilkie Collins.
SIN NOMBRE.
Editorial: Alba editorial. Clásica maior.
Edición: Barcelona, 2001.
Género: Novela.
Traducción: Gema Moral Bartolomé.
Categoría: Libro.
9/10

Dos años después del enorme éxito de La dama de blanco, Collins publicó Sin nombre, en 1862, primero en la revista de su amigo Dickens, All the Year Round y después en tres volúmenes; ese mismo año publicó Armadale, lo que da idea de la inmensa capacidad de trabajo de este autor. Se trata, además de novelas voluminosas y muy diferentes, pues el autor nunca dejó de reflexionar sobre el arte de la ficción y de llevar esas reflexiones a la práctica. Procuraba no repetir moldes narrativos por mucho éxito que le hubiesen proporcionado.

Siempre ha sido alabado Collins por su maestría en la creación de personajes femeninos llenos de personalidad, pero no me cabe duda que en esta novela ha conseguido el más complejo de todos: Magdalen Vastone, una bella heroína de 18 años que nos asombra y, muchas veces, nos espanta cuando vemos su determinación a llevar a cabo una empresa titánica. Pocas protagonistas tan fuertes como ésta: luchadora, incapaz de resignarse a la desgracia, que cree en su derecho a combatir por lo que le pertenece, sin que sea la ambición lo que le mueve, sino el orgullo. En el principio de la trama vemos a la protagonista escindida entre el bien y el mal, entre la aceptación de las circunstancias y la rebeldía ante ellas, la rebeldía triunfa y la empuja a llevar a cabo su difícil propósito, en una sociedad victoriana en que el papel de la mujer estaba supeditada al hombre y cuya única salida era, sin fortuna y con cierta educación, la de convertirse en institutriz. Su obstinación y su talento la llevan a rechazar ese trillado camino. La veremos vacilar ante los terribles obstáculos que tiene que salvar, a punto de sucumbir irremediablemente, pero su firme decisión y sus armas de mujer la ayudarán a cumplir su propósito. No es excesivo, salvando las distancias y el género literario, comparar a esta mujer con las heroínas de las tragedias griega y shakespeariana.

No le hubiera sido posible alcanzar sus objetivos sin el eficaz asesoramiento del capitán Wragge, uno de los granujas más simpáticos de la novelística de Collins, un pícaro aventurero de los que no son difíciles de encontrar en la narrativa inglesa ya desde el siglo XVIII, después de la aparición de Tristram Shandy de Laurence Sterne. Por supuesto que no pretendo comparar un personaje, por importante que sea, con una obra tan innovadora como ésta, pero sí coinciden en aspectos importantes: el humor, el desenfado y la crítica de una sociedad envarada, que estos personajes ponen en evidencia, pues, como antihéroes, contrastan con el perfecto gentelman. Y caen simpáticos porque casi siempre sus cálculos e intrigas sirven para mostrar la maldad de unos personajes que aparentan lo contrario.

Es fácil dejarse llevar por los efectistas recovecos de la trama, una trama que se desenvuelve, casi desde el principio, sin un secreto que desvelar, ya no hace falta el misterio, es suficiente para el lector acompañar el empeño de la protagonista, para, a su manera, restablecer la justicia; ese recorrido está lleno de obstáculos, la mayoría surgidos de una terrorífica ama de llaves, modelo de otras que vendrán, tanto en la literatura como en el cine. Y con ser interesante la trama, aún lo es más constatar el profundo conocimiento de la psicología femenina por parte del autor y la lucha interna que mantiene la protagonista entre los rectos principios que le han inculcado y sus actos.

La obra está externamente dividida en ocho escenas, entre las cuales se intercala un entreacto de mucha menor extensión que las escenas. Cada escena se desarrolla en un lugar distinto del Reino Unido, consta de varios capítulos, y la acción está contada por un narrador omnisciente, que dialoga con el lector y, en ocasiones, avanza el desarrollo de los acontecimientos. En los entreactos, distintos personajes principales se convierten en narradores, a través de cartas, estos entreactos, a modo de elipsis, enlazan la materia narrativa de las escenas. El ritmo narrativo es rápido, pues en dos años, suceden muchas peripecias.

Quiero destacar también la importancia del ferrocarril en las novelas de Collins, medio de transporte que en su época era novísimo. Los trayectos que aparecen en sus novelas coinciden con los reales. A veces, el tren, como en esta novela, tiene capital importancia. Y también el servicio de correos, cuya eficacia no deja de admirarnos.

Reseña Panorama
Puntuación
9
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