Rueda de prensa de Popa Chubby en el 42 Heineken Jazzaldia 2007

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El 24 de Julio del 2007, es decir, el primer día del 42 Heineken Jazzaldia 2007, una de las actuaciones previstas era la del guitarrista Popa Chubby, del que lo único que sabía era lo que había podido leer en el pequeño párrafo de la revista con el programa, que incluía la frase “está considerado el rey del blues de Nueva York”. Naturalmente, con una presentación como esa, y aún sabiendo que la mayor parte de esas notas de prensa son una exageración, decidí no perderme su concierto. Hice bien, porque fue uno de los más memorables del Jazzaldia. Al día siguiente, por la mañana, el guitarrista ofrece una rueda de prensa a la que, obviamente no podía faltar. Allí estamos congregados una decena de medios, la mayor parte de periódicos locales y de algún medio especializado en jazz pero, en definitiva, los mismos rostros que nos vemos todos los días, algunos con más cara de sueño que otros.

Popa Chubby entra en la sala con el mismo imponente aspecto que la noche anterior, aunque quizá ahora impresiona más porque no está subido a un escenario. Yo hago la primera pregunta, que no puede ser más obvia: si está contento con la reacción del público en su actuación. Responde, naturalmente, que sí, que por supuesto, que está muy contento, y que cuando está ante tanto público siempre es un placer, y que no tiene ningún artificio, que simplemente es él dando caña con la guitarra, y que lo importante es pasárselo bien, que sea una celebración del espíritu. Además, asegura que el público español es marchoso, que es como si tuviera una especie de interruptor, que él le da al interruptor y es como si la gente ya se pusiera como loca. Una vez que responde y el traductor pide más preguntas, todos permanecemos en silencio, así que él hace el ademán de irse. El traductor le dice que al principio somos un poco tímidos, pero que acabamos preguntando, de modo que le asegura que no nos va a hacer daño. A continuación, pone cara de malo, de ogro hambriento, provocando las primeras risas. Por eso le preguntan por su aspecto amenazador y por su música, que es también fuerte y que si, por tanto, es una forma de liberar las malas energías: “la música es una forma limpia. Cuando estás tocando sólo tienes buena energía. Con tu energía, la de los músicos y la de la gente que te rodea, se acaba produciendo una bola de fuego de buena energía”. Termina haciendo una confesión: “no soy un monstruo”.

Vuelvo entonces a la carga, preguntándole por lo que le ha motivado a crear su propia compañía discográfica: “bueno, músicos y casa discográficas, sabes…, siempre tienen problemas. Además, si escuchas mi música, tiene poder, y en mi música y en el rock & roll tiene que haber una cierta parte de jódete, sí, tiene que haber un poco, es una parte de la música. El blues va de eso. El blues es la música que cantaban los esclavos en los campos para que los patrones no les entendieran. El rock & roll era la música de los niños diciendo que era su música, no la de sus padres, para ellos. Por eso, la música que hago sólo la puedo hacer sin interferencias del exterior, no acepto interferencias. Tienes que creer en algo, es algo más que la música, tienes que tener una creencia personal en lo que haces”. Quizá por eso un periodista aprovecha para preguntarle por sus creencias éticas. Al principio se extraña, pero acaba respondiendo: “bueno, las creencias difieren de una sociedad a otra, porque lo que es ético en una no lo es en otra. En cambio, el asesinato es malo en todas las sociedades. Aparte de eso, creo que te levantas por la mañana y tratas de no hacer daño a nadie. Si alguien te molesta, le pides que pare. Si sigue, entonces le pegas”. Se pega entonces un puñetazo a su propia mano, pero lo hace con tanta fuerza que hubiera podido tumbar a cualquiera de nosotros, especialmente a los periodistas de jazz, que no somos precisamente muy fuertes… Continua diciendo que la música es el poder, de modo que cuando toca, toda la angustia y la ira desaparecen y se convierten en buena energía y poder.

Cambiando radicalmente de tema, le preguntan sobre qué piensa de que Prince haya regalado tres millones de copias de su último disco. Se lo piensa unos segundos y se lanza: “es un tiempo interesante para la industria discográfica. Bueno, yo soy un artista independiente, no Prince. Él ha vendido más de cien millones de copias, así que regalar tres millones no es nada para él. Por eso es un tiempo interesante, por Internet, por las descargas digitales. La gente ya no compra muchos CDs, así que en tres años los discos ya no existirán como formato. La gente se descarga la música sin pagar. ¿Cómo me siento con respecto a eso? No me preocupa mucho, porque soy un artista independiente, así que la gente seguirá viniendo a mis conciertos y entonces comprarán los discos. Para las grandes compañías, en cambio, sí es un problema, es la muerte. Pero eso no me afecta, porque soy independiente, es bueno serlo. Creo que es un buen tiempo para la música real, para la gente real, para la gente. Porque lo que editan las grandes compañías es mierda, tratan de controlar la mente del público”. Por último, le preguntan sobre la gran cantidad de discos que edita, a veces más de uno al año, es decir, si le preocupa que la gente se pueda cansar de su música. Casi sin esperar la traducción, se dirige directamente al periodista, en tono amenazador: “¿crees que la gente se puede cansar de mí?” (risas generalizadas). El periodista en cuestión se apresura a decir que no, que él no se cansa. Entonces sigue: “mira, déjame que te explique una cosa, yo tengo dos opciones: ser músico o ser un criminal. Así que es mejor que grabe discos que que sea un criminal. Y prefiero estar en el escenario que en la cárcel”. Tras las carcajadas de todos, sigue: “no, en serio, soy muy prolífico, pero es que yo trabajo para el público, y como la gente compra mis discos, yo tengo el deber de grabarlo. Cuando la gente deje de comprarlos, yo dejaré de hacerlos”.

Terminada la rueda de prensa, se da el gusto de hacer caritas, todo tido de gestos y hasta ponerse un puro en la boca para que los fotógrafos no paren de hacerle fotos. Sin duda, este Popa Chubby es un espectáculo, tanto en el escenario como en cualquier otra parte. Tiempo después se le verá degustando pinchos en un bar del centro de San Sebastián y paseando por las terrazas del Kuursal, como un espectador más, si es que eso es posible, claro.

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