Premio Donostiako Jazzaldia 2007: Wayne Shorter

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Tras Keith Jarrett y Charles Mingus en el 2005, y Herbie Hancock en el 2006, el premio Donostiako Jazzaldia 2007 recayó en otro gran músico, Wayne Shorter, uno de los nombres más importantes de la historia del jazz, que recogió el premio el 28 de Julio, el mismo día en el que estaba programada su actuación en el auditorio del Kursaal. El premio se entregó por la mañana, en el club del Teatro Victoria Eugenia, donde habitualmente se celebran las ruedas de prensa, y lo entregó el director del Festival, Miguel Martín. El galardón consiste en una placa que reproduce el escenario más emblemático, la Plaza de la Trinidad.

Antes de hacer entrega del galardón, Miguel Martín dedicó unas palabras a Wayne Shorter, que escuchaba atento al traductor, sentado en el cómodo sillón. Este fue su presentación : “hace unos cuarenta años, dentro de la escena jazzística existía un grupo, uno de los legendarios, los Jazz Messengers, que tenía un saxo tenor que era parte fundamental del grupo y era un gran saxo tenor dentro de un gran grupo de hard-bop. Además, él componía temas que han sido y se mantienen como piezas fundamentales de lo que es aquella corriente musical. Y, de repente, ante la sorpresa de muchísima gente, Miles Davis ficha al saxo tenor de ese gran grupo de hard-bop y se lo lleva a su grupo que estaba fuera de toda corriente musical, por delante de todos, y le pide que haga una música totalmente diferente a la que hacía hasta ese momento. Wayne Shorter, en ese momento, asume la posición, prácticamente, de pivote de ese quinteto, de ese genial quinteto, muestra una faceta de su arte y la muestra de una forma gloriosa, y compone temas que, además, pasan a ser parte fundamental del repertorio en el que, a partir de los años 60 y 70, se considera que se basa el jazz moderno. Además de eso, pasados unos años, con una nueva pirueta estilística, y con un compinche extraordinario (se refiere al teclista Joe Zawinul), crea un grupo que se dirige hacia otras nuevas direcciones (se refiere a Wheather Report), inventan un ambiente musical, una forma de sentir la música, compone de nuevo temas extraordinarios para ese conjunto y después de eso, lógicamente, con ese bagaje, se lanza a madurar, a perfeccionar, a desarrollar una carrera en solitario que es absolutamente extraordinaria y una de las más admirables dentro de la historia del jazz. Nos encontramos con uno de los sidemen de lujo de los más grandes grupos de la historia del jazz, nos encontramos con uno de los compositores más extraordinarios, que ha creado grupos, que ha creado una escuela y que ha creado una época. Nos encontramos ante un gran saxofonista, ante un músico que está en este momento muy por delante de la situación en la que se encuentran la gran mayoría de los músicos de jazz. Él está por delante porque siempre lo ha estado. Por eso es para nosotros un gran honor que Wayne Shorter acepte nuestro premio Donostiako Jazzaldia del año 2007”.

Nada más acabar su discurso, se desencadenan unos fuertes aplausos que duran varios minutos, el tiempo que Wayne Shorter sostiene la placa para que todos los fotógrafos puedan hacer su trabajo. De pronto corta los aplausos acercándose al micrófono y pronunciando sus primeras palabras: “Muchas gracias (esto lo dice en español). Estaba escuchando los cliks de las cámaras (imita el ruido), y Danilo Pérez (el teclista de su cuarteto) ya sabe que hay una composición en camino (risas)”. A continuación, en vez de habar de sí mismo, aprovecha para hablar de Imani Winds, el grupo de viento con el que va a tocar por la noche: “trabajan como un grupo e individualmente, pero es la primera vez que van a tocar juntos con nosotros en Europa. Ya lo hicimos en Montreal, Canadá, y fue el comienzo de nuestra aventura, pero esta es otra primera vez, y seguiremos juntos durante un tiempo, en Alemania y Hungría, y en el futuro tal vez se hará una combinación de este cuarteto, Imani Winds y una orquesta. Estamos trabajando con orquesta cada vez más, en largas piezas musicales”.

Inicia una pausa y el traductor aprovecha para reproducir sus palabras en Español. Enseguida sigue, con un ritmo cada vez más lento, como si quisiese pensar bien cada palabra ante de pronunciarla: “creo que no tenéis los discos de Imani Winds en Europa, pero tiene tres o cuatro discos en la sección de música clásica, en Nueva York, Chicago… Ha sido nominado al Grammy dos veces y ahora sé que está trabajando en música sobre Josephine Baker y Sidney Bechet. Estamos tratando de hacer algo que es un reto, porque mucha gente cree que el jazz y la música clásica están desconectados, pero la creación, el proceso creativo, es otra cosa, esa impresión es una ilusión. Tenemos una misión, que es eliminar esas barreras. En el jazz acústico, hay elementos que faltan durante un largo periodo de tiempo, hay colores que no han sido explorados. Cuando llegaron los sintetizadores, muchos músicos pensaron que sería como pintar al olio, o como imprimir patrones, pero creo que hay que intentar sacar los colores que no ves con tus ojos, o que no escuchas con los oídos, los colores que no experimentamos con los sentidos, los colores de la eternidad, que sabemos que existen, la esencia eterna. De hecho, esta es la pregunta. A veces me miro en el espejo y me pregunto: ¿cual es tu verdadero nombre? Así, ¿cual es tu nombre real, tú, homo sapiens, persona, cual, cual? Es un reto. Finito”.

De nuevo, la sala se llena del estruendo provocado por los fuertes aplausos de todos los asistentes, pero más de uno parece un tanto extrañado por el sorprendente discurso de Wayne Shorter, que no ha sido, en absoluto, el clásico discurso que se da al recibir un premio. Pero claro, así son los grandes artistas, imprevisibles y para nada amigos de protocolos. En cualquier caso, fue un placer escucharle.

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