Crónica del concierto de The Pepper Pots en Boogaclub

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The Pepper Pots.
Sala: Boogaclub.
Lugar: Granada, España.
Fecha: Viernes 28 de Octubre de 2011.

Algún día alguien tendrá que escribir un artículo sobre el Octubre del 2011 en Boogaclub. La sala granadina nos tiene tan mal acostumbrados al programar sistemáticamente conciertos interesantes, que llega un momento en el que lo damos por hecho. Y sin embargo, el mes en el que Afrodisia Club cumplió su décimo aniversario fue el mismo en el que la sala hermana, Boogaclub, ofreció una oferta musical asombrosamente atractiva. Juzga por ti mismo: Frank T Y La Tostadora Sound Corporation, The Bongolian, Al Supersonic And The Teenagers, Speedometer, Red Soul Community, The Sweet Vandals… De lo mejorcito a escala europea en cuestión de música negra.

Pues bien, para redondear estos fantásticos 31 días de buena música, el último fin de semana comenzó con The Pepper Pots. Para quien conozca el grupo, no hará falta añadir nada más. Para quien no esté familiarizado, quizá baste con mencionar que es una de las propuestas españolas más activas sobre un escenario, y que su discografía suele llegar a los principales mercados, entre ellos Japón, Estados Unidos y, por supuesto, Europa. Y luego está ese otro detalle que siempre me ha resultado admirable, y es la facilidad con la que pasó de grabar reggae a dedicarse enteramente al soul.

The Pepper Pots estuvo por segunda vez en Granada para inaugurar el Monster Weekend, mini-festival de reggae que se celebra en la ciudad andaluza del 28 al 30 de Octubre. Excelente elección que habla muy bien de sus organizadores, pues a pesar de su reciente filiación soul, es una de las bandas más destacadas de la escena jamaicana española. El viernes, en Boogaclub, su espectáculo comenzó con un fragmento de audio que reproduce el sonido de un tren saliendo de la estación. Fue su manera de presentarnos Train To Your Lover (Double Back, 2011), su cuarto álbum de estudio. Entre tanto, el septeto de instrumentistas se subió al escenario y, antes de que nos diésemos cuenta, ya estaba interpretando el primero de los temas. Llegó entonces la segunda entrada imprevista, la de las tres vocalistas, y en cuestión de minutos ya debían tener a prácticamente todo el público seducido. Este es uno de esos conjuntos que no tardan en mostrar por qué son uno de los más apreciados sobre un escenario. Se nota que conocen bien el medio, que los conciertos son su principal forma de expresión, que disfrutan tocando frente al público, porque aquello sonaba de maravilla.

The Pepper Pots desplegó con admirable eficacia su soul de estética clásica inspirado en los grandes de los 60. No es una propuesta original, ni que destaque por su personalidad, pero sí es de lo más parecido que existe al referente, a los grupos de chicas surgidos de la factoría Motown. Ya tenía esa impresión tras escuchar sus más recientes trabajos, Now! (Black Pepper Records, 2009) y Train To Your Lover, pero su actuación hizo que sus composiciones me pareciesen aún más inspiradas, sus harmonías vocales más bellas, sus arreglos aún logrados. Y además está la puesta en escena. Diez músicos interpretando soul con una alegría contagiosa, entre ellos tres cantantes ataviadas con vestidos retro y regalándonos coreografías surgidas del manual de estilo de Berry Gordy, Jr.. Música que entra por los oídos y los ojos y que cautiva con la misma facilidad ambos sentidos.

Tras un primer pase soulero, la banda recordó sus inicios dedicados al reggae, y fue muy agradable comprobar que el público respondió a las piezas de ska y rocksteady con el mismo entusiasmo. Por otra parte, es deliciosa la naturalidad con la que pasa del soul a la música jamaicana, cosa que tampoco debería sorprendernos dado que soul y ska comparten origen: el rhythm & blues. De hecho, fue interesante para apreciar justamente ese aspecto, la enorme cercanía entre ambos estilos, algo que tendemos a olvidar por la excesiva compartimentación de la industria musical. Nada mejor para abrirse de oídos. No tardó The Pepper Pots en volver al soul, segundo bloque que incluyó un popurrí dedicado a una de sus mayores influencias, The Marvelettes. Recuperaron varios de sus clásicos inmortales, pero ese fragmento sirvió para darse cuenta de que los originales de la banda de Girona no tienen nada que envidiar. Es un lugar común del periodismo, sí, pero qué le voy a hacer si es cierto.

En cambio, hubo un aspecto que no me convenció nada de su actuación y que me parece innecesario: su afición por los popurrís. Lo llevó al extremo con el homenaje a The Marvelettes y con el recuerdo de su etapa reggae, pero por tentador que sea enlazar temas, desde un punto de vista artístico es una técnica un tanto pobre. Llegó un momento, sobre todo durante la segunda mitad del concierto, en el que daba la sensación de querer acumular estribillos, de interpretar cuantos más temas mejor en el menor tiempo posible. Eché de menos que dejasen respirar varias de sus piezas, que las concluyesen, que las desarrollasen completas antes de afrontar la siguiente. En fin, es un mal menor cuando la música es tan atractiva y, todo hay que decirlo, cuando su repertorio es ya tan amplio que, de otro modo, no habría manera de presentarlo en poco más de una hora. Por otra parte, como tantas veces ocurre, a tenor de la reacción de los asistentes parece que ese detalle no les importó nada. Pidieron bis y hubo ovación final.

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