Crónica del 41 Heineken Jazzaldia 2006

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Ha comenzado la 41 edición del Jazzaldia y los reporteros más jazzeros llegamos para cubrir del segundo al último día, desde Javi P3z hasta Matthew Herbert Live. Os vamos a contar nuestras impresiones tras cinco intensos días de un festival que será recordado por dedicar un completo monográfico al maestro inglés Matthew Herbert. Éste, cumpliendo con las expectativas, desembarcó en Jazzaldia con su cargamento de samples, su Big Band y con sus extravagancias varias. Una lección de vanguardia aplicada al jazz que reafirma el creciente interés del evento por las nuevas tendencias. De nuevo, el festival donostiarra se desmarca del resto de oferta nacional y demuestra ser la cita más importante del año, aquella que permite medir el estado actual del jazz y su evolución, los caminos más seguidos y las nuevas formas de expresión.

Día 1 - 22 de julio 

Hoy actúa Erykah Badu, una de las grandes atracciones del festival, pero nosotros optamos por un plan alternativo, aunque nos hubiera encantado ver a la diva. Elegimos comenzar el festival con una buena ración de grupos locales, con el trío liderado por Ian Wallace y con el skazz jamaicano. Pero antes de empezar a disfrutar con la música, comprobamos, decepcionados, que en la tienda del festival no hay sudaderas y las camisetas de este año no nos acaban de convencer: una chapa será nuestro distintivo (el delantal con el logo del festival no resulta muy seductor, aunque estuvimos dudando si comprarlo hasta el último día).

19:30h. Espacio Frigo: The Crimson jazz trio.

The Crimson jazz trio es un conjunto liderado por el batería del antiguo grupo King Crimson, Ian Wallace. El trío propuso versiones de los clásicos de la legendaria banda de rock. El resultado fue un energético jazz, impulsado por el virtuoso dominio rítmico de Wallace (toda una demostración de amplitud de registros), y por un teclista, Mathias Aspelin, que tocaba mucho. Buen inicio de nuestro periplo festivalero que entusiasmó a buena parte de los allí congregados.

21:00h. Escenario Verde: Javi P3z Orquesta.

Primera gran cita: el donostiarra Javi P3z presenta en directo y con su orquesta al completo los temas de su gran álbum Sports. Desde que escuchamos su disco en 2004 llevamos queriendo verle encima de un escenario, pero lo que no podíamos imaginar es que le veríamos subido a uno tan grande como es el Escenario Verde. Frente a una playa en la que todavía había bañistas, Javi P3z puso la playa de Zurriola a bailar con su brillante fusión de jazz latino, electrónica y afrobeats. A pesar de que fue una gozada escuchar tan buenos temas en directo y con el potente equipo de sonido de este escenario, tuvieron varios problemas. En algún momento el ordenador no estuvo muy fino y las bases electrónicas programadas no siempre se sincronizaron con la instrumentación en vivo (en una ocasión, Javi tuvo que volver a empezar un tema), debido a problemas con los monitores. Al final del concierto, incluso recordó su época como Parafünk y se atrevió con el hip-hop en Caracas, concluyendo con el muy movido El chimpancé.

Al hablar con él tras el concierto, tras felicitarle y decirle que, a pesar de los pequeños problemas de sincronización, fue una gran actuación, nos hizo saber que muy posiblemente este era el último concierto con la orquesta. Nos adelantó que ya ha grabado dos temas para su nuevo álbum, trabajando con un grupo más reducido, así que ya podemos empezar a impacientarnos.

23:00h. Espacio Frigo: Acido C.

Acido C es uno de los 10 grupos locales a los que la organización da una oportunidad. Ocho instrumentistas en el escenario con un look funky-macarrón (pero elegante) que inmediatamente nos recordó a la Fundación Tony Manero. De hecho, su música, en la que se dan cita jazz, funk, disco y acid jazz, no difiere mucho de la del grupo catalán. Desde luego, sabe cómo poner a todo el mundo a bailar con su poderoso groove y sus excelentes interpretaciones y arreglos: fue el primer grupo que deshizo el espacio de seguridad en torno al escenario, levantando a todo el mundo de la silla y llenándolo de fervientes seguidores que no pararon de bailar y pasar un “funky good time”. Ya tienen un disco, La ostra azul, y estamos seguros de que tendremos más noticias de este interesante combo.

00:30h. Escenario Verde: Jazz Jamaica.

Nos personamos de nuevo en el Escenario Verde para ver a Jazz Jamaica, que se caracteriza por su fusión de jazz, reggae y ska, que habitualmente se denomina skazz. La banda, compuesta por 11 integrantes, con una poderosa sección de metales y una no menos notable sección rítmica, sorprende con su logrado mestizaje: realmente lo que tocan es una fusión de melodías jazzísticas y el característico ritmo del reggae. Además, causan el delirio del numerosísimo público que abarrota la plaza de Zurriola con su animado ska. Por momentos tenemos la impresión de estar en un playa jamaicana, no sólo por la música, si no por el olor a Marihuana.

Día 2 - 23 de julio 

Hoy tenemos en la agenda dos platos fuertes, nada menos que The Pinker Tones en formato DJ set y el trío neoyorquino Tortured Soul. Ambas son dos de las razones por las que hemos venido al Festival, así que, evidentemente, esperamos mucho. Para completar la jornada nos acercaremos al espacio Frigo para disfrutar de la vertiente más jazzística.

19:30h. Espacio Frigo: Wiesbadener Juristemband.

Mientras nos comemos los nada apetitosos bocadillos que venden en los puestos del Festival (habría que pedirle a la organización que mejorara el cátering), nos sentamos cerca del Espacio Frigo para asombrarnos con el juvenil jazz de este grupo de abogados que, por afición, lleva más de 30 años animando festivales en Alemania. Y digo juveniles porque su música da esa sensación, puesto que ellos no lo son: el saxofonista tiene 84 años. Entre la edad y su alegre jazz estilo Nueva Orleans, encandilan al público que hasta reía cada vez que presentan sus temas en alemán.

21:00h. Escenario Verde: The Pinker Tones.

The Pinker Tones es un dúo barcelonés que, con la colaboración de DJ Niño, se presenta en directo como The Pinker Tones DJ crew. Si sus álbumes ya son una invitación al baile que difícilmente se puede rechazar, sus DJ sets multiplican por mil la energía que desprenden los equivalentes en estudio. La suya no es una de esas sesiones progresivas que empiezan caldeando el ambiente con temas downtempo y poco a poco van subiendo en intensidad, sino que siguen la fórmula que el maestro Hitchcock aplicaba a los films: empezar como un terremoto e ir subiendo. Simplemente con que hubieran pinchado los temas de sus dos álbumes ya habrían triunfado, pero es que lo suyo fue un espectáculo que va mucho más allá de lo que se denomina DJ Set. Sus bootlegs en directo tienen fama, y desde ahora sabemos que merecidamente. Entre lo mejor, su capacidad para relacionarse con el público al pinchar Sonido total y los bootlegs en los que, sobre sus propias bases, superponían las voces de Felicidade y The Beattles.

00:30h. Escenario Verde: Tortured Soul. ~5.000 Espectadores.

Tras el jazz-rock de Bedrock Trio, liderado por el gran Uri Caine al teclado, nos dirigmos raudos y prestos al Escenario Verde, porque queremos ver a ese portento de la naturaleza llamado John-Christian Urich, el hombre que toca la batería como si fuese un sampler, un ordenador y un secuenciador juntos. Va a empezar el concierto y ahí estamos, en primera fila (como siempre). Sin aviso previo, Urich se sienta a la batería y en pocos minutos nos ha dejado a todos atónitos ante el increíble espectáculo. Ni una sola base de house puede igualar la potencia del neoyorquino, hasta el punto de que eclipsa irremediablemente a los otros dos intérpretes: Ethan White (teclado) y Jason Kriveloff (bajo), cuya técnica también es notable. Si a esto sumamos que John-Christian Urich canta mientras toca y que lo hace muy bien (con un trabajado falsete si se lo propone), queda claro que estamos ante una de las figuras de esta edición. Siguiendo en la línea de las propuestas de ese escenario, el trío consigue que todos los asistentes bailen sin parar y no se cansan de pedir más temas, incluso después del bis.

Día 3 - 24 de julio

En el menú de hoy, como aperitivo, Elkano Browning Cream, un trío liderado por el organista local Mikel Azpiroz (antiguo componente de Parafünk), la primera cita con Matthew Herbert, como DJ, y, para finalizar, otro grupo local emergente, Acid Gazz.

19:30h. Carpa Heineken: Elkano Browning Cream.

El trío, formado por Mikel Azpiroz al hammond, Matt Harling a la guitarra (y también vocalista) y Franck Mantegari a la batería, presentaba en el festival su primer disco homónimo, que ha sido grabado en Shangai (China) y Salt Lake City (EE.UU.), y se nota que fue el resultado de un mes de actuaciones diarias en un club chino. El trío demostró estar muy rodado en directo y tener una enorme versatilidad estilística. Esto, sumado a la calidad interpretativa de sus componentes (imposible destacar a uno de ellos) y su predilección por temas alegres y bailables, encandiló al público y seguro que propició la venta de su disco, disponible en la tienda del Festival (los días sucesivos vimos más de una camiseta de este grupo). El concierto fue atractivo de principio a fin, aunque recordaré especialmente su afortunada versión de I Got My Mojo Working, el clásico de Preston Foster popularizado por Muddy Waters. Espero que nadie interprete esta breve crónica como un síntoma de falta de entusiasmo (en todo caso, de falta de tiempo), pues este es uno de los directos más memorables de la presente edición. Quiere eso decir que si alguno tiene la oportunidad de escuchar a Elkano Browning Cream sobre un escenario, aconsejo que no pierda la oportunidad.

[Nota a posteriori: una vez escuchado el álbum debut que presentó en dicha actuación, Elkano Browning Cream, confirmo que es muy recomendable.]

21:00h. Escenario Verde: Herbert Dj Set.

Dado que el maestro inglés Matthew Herbert era la estrella del Festival (con permiso de Keith Jarret y Herbie Hancock), este primer encuentro nos hacía mucha ilusión, aunque, evidentemente, al ser un DJ Set, no era el más esperado. Aún así, hemos de reconocer que ver a Herbert a escasos metros fue un sueño hecho realidad (además de permitirnos comprobar que las fotos no engañan: su frente es tan grande como parece). Herbert, sorprendentemente, en lugar de una de sus sesiones llenas de ruiditos raros y temas de artistas tan extravagantes como él, optó por una selección de temas fundamentalmente techno, y techno del duro, nada de milongas. Sólo al principio puso un tema de su disco Scale (Harmonise), pero luego todo fue techno bailable, no siempre muy digerible. A nosotros no nos entusiasmó la sesión, pero a la mayoría de los asistentes parece que sí, a jugzar por los aplausos y vítores que le dedicaron al finalizarla. También hay que tener en cuenta que al inicio de la sesión casi todo el mundo estaba sentado, pero que al final todos los asistentes estaban bailando. Las únicas excepciones al monopolio techno fueron dos piezas funk y el tema final, una versión downtempo de Don’t you worry ‘bout a thing, aunque no tan buena como el original de Stevie Wonder o la versión de Incognito. También nos sorprendió con un tema de flamenco que superpuso a una discreta base electrónica.

23:00h. Carpa Heineken: Acid Gazz.

Hace ya más de un año, el grupo vitoriano Ortophonk, en la entrevista que le hicimos, al pedirle que nos recomendara un grupo emergente o poco conocido, nombró a Acid Gazz. No fue esta la única vez que he oído hablar, y muy bien, de la banda acidgazzera, pero desde entonces nos moríamos de ganas por escucharla. Al no tener página web  y no haber editado ningún álbum no habíamos tenido manera de comprobar el interés del grupo, así que no quisimos desaprovechar la oportunidad que nos brindó el Jazzaldia. Ahora que ya hemos descubierto a Acid Gazz, podemos asegurar con satisfacción que no nos decepcionó. De hecho comprendimos por qué son tantos los grupos y artistas que los recomiendan y hablan maravillas de ellos. El sexteto ofreció a los afortunados asistentes a su concierto un funk tan bailable que consiguieron levantar a casi todo el público de sus sillas y llenar los alrededores del escenario. Con una sección rítmica infalible, unos excelentes Jimmy Bidaurreta al teclado y de José Gallardo al saxo, a lo que sumar la muy estimable vocalista Marisol Blanco, los donostiarras convencieron y agradaron de principio a fin, alternando composiciones propias con versiones de Tower Of Power y Liquid Soul, entre otras.

Día 4 - 25 de julio 

La estrella de hoy era Keith Jarret, como la de la noche anterior fue Herbie Hancock, pero nosotros seguimos optando por un plan alternativo, que a la postre ese día se rebeló como el más acertado. Un festín de innovadoras y extravagantes Big Bands, en un emplazamiento de lujo, la Plaza de la Trinidad, y para terminar el día, el concierto de uno de nuestros grupos más queridos, THC.

21:00h. Plaza de la Trinidad: Llibert Fortuny Big Band

La gran atracción de este doblete de Big Bands era Matthew Herbert, pero tras escuchar el disco que el catalán grabó con su Electric Big Band (XXL) ya suponíamos que su actuación también iba a ser de las más atractivas y recordadas del Festival. Con 29 años ya dirige su propia Big Band y además ya tiene sus propias ideas sobre cuál es el sonido que quiere que ésta tenga. Al salir al escenario, nos llamaron la atención sus largas melenas y su camiseta con una calavera (de Los Misfits), lo que debe considerarse toda una declaración de intenciones: interpreta el saxo alto y dirige la Big Band como si se tratara de un grupo de rock, con su misma energía y voluntad de provocación. En más de un momento arengó a sus músicos, que se levantaban de sus sillas, agitaban sus instrumentos en el aire, gritaban y cantaban y animaban, a su vez, a que el público hiciera lo propio. Musicalmente, la propuesta del saxofonista nos entusiasmó por su capacidad para alternar fragmentos interpretados por un conjunto reducido (batería, bajo, guitarra, saxo y efectos electrónicos), en los momentos intimistas o cercanos a la sonoridad rock, con los fragmentos ejecutados por la Big Band al completo, los más apoteósicos y transgresores. Por otra parte, el catalán lograba siempre romper con la sonoridad tradicionalmente asociada a las Big Bands (ya sean de swing, free-jazz, post-bop o jazz-rock), ofreciendo unas estructuras con continuos e inesperados cambios rítmicos y melódicos que coronan a su formación como una de las más vanguardistas del momento. Además de sacar la sonrisa de los asistentes incluyendo fragmentos de la sintonía de la televisiva Dallas y del himno de los Village People, YMCA, en el bis, Llibert nos regaló una tan osada como curiosa interpretación del saxo electrónico, que le permitía superponer varías melodías, logrando un muy interesante efecto.

Matthew Herbert Big Band

Tras media hora de descanso, el tiempo necesario para que recogiera Llibert y los técnicos preparan el escenario para la actuación de la Matthew Herbert Big Band, salió el inglés al escenario. Si el día anterior vestía de manera informal, esta vez salió con un elegante frac y no tardó en dar la primera muestra de su genial extravagancia. Se bebió el vino de la copa que llevaba en la mano, la rompió con un mordisco, y, tras grabar el sonido producido, se dedicó a samplearlo y modificarlo hasta crear una de sus características bases rítmicas. Mientras tanto, subieron al escenario los miembros de su Big Band y tras la señal del director, Peter Wraight, empezaron a tocar conjuntándose perfectamente con el ritmo electrónico del inglés. Este fue el comienzo de un concierto prodigioso, apasionante y divertido que, debido a su insobornable apuesta por la más extremista vanguardia, escandalizó a más de uno (algunas personas abandonaron la plaza a toda prisa), pero que, sobre todo, fue uno de los mayores y más positivamente recibidos espectáculos que han pasado por la Plaza de la Trinidad (y eso que en la Trini han actuado algunos de los más grandes jazzmen de la historia).

Además de la copa, Herbert sorprendió al público con otros hilarantes usos de objetos para samplear. Entre lo más celebrado, la destrucción del periódico La Razón (que por primera vez fue el soporte de una creación artística) y los ruidos de un globo deshinchándose, una máquina de escribir y el flash de una cámara de fotos desechable. Además, todos los miembros de la Big Band imitaban al inglés, haciendo trizas rítmicamente varios ejemplares del diario (y tirándose bolas unos a otros), produciendo extraños sonidos con los globos (que se adecuaban perfectamente con la armonía del tema, lo que no deja de ser increíble) y haciendo fotos al público con cámaras desechables, entre otras monerías. En lo que respecta a la nueva vocalista, Valerie Etienne, no tuvo muchas oportunidades de lucirse. Entre el repertorio, sonaron varios temas del álbum Goodbye Swingtime (el grabado con la Big Band), así como versiones de Café de Flore (incluido en Indoor Fireworks) y de The Audience, uno de los excelentes cortes de su imprescindible álbum Bodily Functions. Al final, estruendosa ovación de varios minutos para el maestro que, desde ese día, seguramente tendrá tendrá más de un nuevo seguidor.

01:00h. Espacio Frigo: THC

Tras varios años de auto-todo (auto-gestión y auto-producción), la formación pamplonica THC vio premiada su trayectoria en los escenarios de todo el Estado con su participación en el Jazzaldia, el que debería ser su despegue definitivo. Armados con su brillante y lograda fusión de house, jazz, funk, sabor latino y todo lo que se propongan, se erigieron como una de las propuestas más energéticas y animadas de la presente edición. Aunque los casi 3000 asistentes empezaron sentados y, en apariencia, poco predispuestos para la fiesta (la lluvia amenazaba con aguar la actuación), a partir del tercer tema lograron que todo el mundo se pusiera en pie, que llenaran el espacio contiguo al escenario y bailaran hasta pasadas las dos de la madrugada. THC, en cuyos miembros se aprecia una notable evolución como intérpretes (gracias a su rodaje en directo), convencieron con las muy aplaudidas versiones en vivo de los temas de su primer álbum, Homonime, con la presentación de tres nuevas composiciones de su próximo álbum (que, por lo escuchado promete, y mucho), y con una personal versión de un tema de los Rolling Stones.

Día 5 - 26 de Julio 

Solomon Burke atraía la atención de los puristas en el día de hoy, el del cierre del Festival, pero imagino que ya supondréis que nosotros, como siempre, elegimos otro plan muy distinto, que incluía, cómo no, la tercera de las actuaciones de Matthew Herbert. Para completar la jornada final, nos acercamos a los escenarios en los que tocan dos grupos locales, la Amama Luisa Brass Band y el Fredi’s Quartet.

19:00h. Espacio Frigo: Amama Luisa Brass Band.

Es curioso que se denominen Brass Band cuando, estrictamente, no lo son (incluyen teclado, por ejemplo), pero por lo demás sí se les puede considerar una brass band estilo Nueva Orleans, de las que a principios del siglo XX recorrían las calles de la ciudad, frecuentemente subidas en camionetas (denominadas band wagoons). La diferencia es que también han integrado las fusiones con otros estilos y que hasta se atreven con la fusión en vivo de jazz y rap: en determinados momentos de la actuación, hacia el final, contaron con la participación de dos raperos, que improvisaban sobre la base instrumental de Amama Luisa Brass Band. Encantaron al público presente y lo divirtieron, mostrando su predilección por la reinterpretación de conocidos clásicos, como cuando cerraron el concierto con el coreado y celebrado When the saints go marching in (y pensar que nació para acompañar a los entierros hacia el cementerio…).

22:30h. Carpa Heineken: Fredi’s Quartet.

Fredi’s Quartet es otro de los conjuntos locales que no conocíamos. Está formado por la unión del Dynamic Trio (Fredi Peláez al Hammond, Juanma Uriza a la batería y Sergio Callejo a la guitarra) y la cantante Natalia Calderón. Pues bien, después de haberlos escuchado no dudamos en recomendarlo a los que tengan la oportunidad de verlos en directo. Alumnos de Musikene, donde seguramente se conocieron, los miembros del cuarteto se mostraron tan seguros con los temas bailables como con los lentos pasajes de soul y gospel. Los tres instrumentistas atesoran gran calidad técnica y compenetración, mientras que la cantante tiene unas cuerdas vocales que son un prodigio de la genética. Tiene una voz potentísima a la que, no obstante, le falta el toque de las grandes, algo que se echaba especialmente de menos en los largos scats y en las piezas de blues. Pero bueno, no todo el mundo puede tener la genialidad de Ella Fitzgerald o Bessie Smith.

00:30h. Espacio Frigo: Matthew Herbert Live.

Tercera y muy esperada actuación del inglés en el Jazzaldia que, como la de la noche anterior, debía ser de las más memorables: esta vez presentaba su último álbum, Scale, editado sólo dos meses antes en Studio !K7. Y no defraudó porque nada más salir al escenario ya nos llevamos la primera sorpresa simpática de la noche: los dos cantantes (Neil Thomas y Valérie Etienne), el batería (Leo Taylor), el pianista (Phil Parnell), el trompetista (Peter Wraight, que ayer dirigió la big band) y el saxofonista (Ben Castle), salen al escenario en pijama, mientras que Matthew Herbert lo hace en bata (el único que salió vestido de manera corriente fue el guitarrista Dave Okumu). Además, antes de empezar a tocar, el inglés empuño el micrófono y empezó a grabar sílabas, aparentemente sin sentido. De pronto, lo juntó todo y escuchamos claramente la frase: 'Hola, ¿qué tal?, gracias por venir', cosa que despertó las primeras carcajadas. Musicalmente, la actuación no fue tan sorprendente como la de la Big Band porque fue muy similar. Matthew Herbert volvía a utilizar cualquier objeto para sus samples (entre ellos, una lata de Heineken y el sonido del público cantando una nota aguda) y también se dedicaba a distorsionar y samplear a su propia formación consiguiendo curiosos efectos.

El problema de la actuación fue que no siempre era satisfactoria la transposición de las grandiosas sonoridades orquestales de los temas en estudio a un conjunto menor para el directo. Sólo dos instrumentos de viento (trompeta y saxofón) en ocasiones eran insuficientes para emular el sonido de estudio, con lo que se apreciaba un resultado pobre (claro que, evidentemente, esto no fue un problema para los asistentes al concierto que no habían escuchado el disco, es decir, la gran mayoría). Por otra parte, Matthew Herbert a veces se emocionaba demasiado con el sampler y añadía multitud de efectos, llegando incluso a ensordecer a su propia banda, dificultando que disfrutáramos de los excelentes temas: no sabemos si considerar esto excesivo. Nos pareció acertada, en cambio, la decisión de dar al vocalista Neil Thomas tanto protagonismo como a Valerie Etienne: por curiosos que parezca, el cantante tiene una voz más parecida a la de Dani Siciliano que la nueva cantante, así que no recayó en ella la entera responsabilidad de reemplazar a la vocalista que inmediatamente se asocia con el inglés. El repertorio se compuso, principalmente, de temas de Scale, completado con un corte del anterior trabajo de estudio, Plat du jour, y uno de su alias Doctor Rockit. No fue tan deslumbrante como la del día precedente, pero entusiasmó a buena parte de los que la presenciaron, que pidieron un tema más durante varios minutos: quizá es que nosotros somos muy exigentes.

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