Crónica de la actuación de The Hi-Fly Orchestra en Boogaclub

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The Hi-Fly Orchestra.
Sala: Boogaclub.
Lugar: Granada, España.
Fecha: Sábado 20 de Noviembre de 2010.

Una de las razones por las que resulta tan sencillo admirar la programación de la sala granadina Boogaclub es porque permite escuchar sobre un escenario a propuestas tan interesantes como The Hi-Fly Orchestra. Y lo asombroso es que no se trata de una excepción, sino de la norma en la sala hermana de Afrodisia Club, puesto que en los siguientes meses están previstas las actuaciones de Speedometer, Alice Russell con TM Juke y Eddie Roberts (The New Mastersounds), entre otros grupos y artistas esenciales de la escena funk/ soul contemporánea. En este caso, además, es una decisión especialmente valiente por tratarse de un grupo no muy conocido internacionalmente, quizá porque sus dos álbumes, Samboogaloo (2007) y Mambo atómico (2009), están editados por el sello alemán Tramp Records, en colaboración con otra discográfica aún más lejana, Ajabu! Pero bienvenida sea la iniciativa de José Gustavo Cabrerizo, alias Falconetti, e Isidro Sánchez, alias Sr. Lobezno, porque el concierto fue una delicia.

The Hi-Fly Orchestra actuó el viernes en Tempo Club, Madrid, y el sábado completó su mini-gira española en Boogaclub. El grupo se caracteriza por fusionar, con asombrosa facilidad, jazz, funk y músicas latinas y brasileñas, entre otras influencias, aunando un toque años 60 con una clara voluntad de invitar al baile. Jazzdance que bebe del Blue Note de los 50 y 60, con un cierto toque retro, pero una sensibilidad cercana a la electrónica de club contemporánea, sólo que sin recurrir a elemento programado alguno, logrando ese efecto únicamente con interpretaciones instrumentales. En cierto sentido, es al jazz lo que Tortured Soul al house, un representante de la vertiente orgánica. Quizá el grupo más parecido sea el japonés Soil & Pimp Sessions, sólo que The Hi-Fly Orchestra adopta un tono más elegante, menos hardcore. Eso es lo que pudimos escuchar el sábado en Boogaclub, pero enfatizando su carácter bailable, cosa del todo lógica.

El sexteto alemán interpretó piezas de ambos álbumes y, aunque al principio no aprecié grandes diferencias respecto a sus versiones de estudio, pronto quedó claro que no se iba a contentar con reproducir su repertorio tal cual. Los solos empezaron a ser más frecuentes y más largos, especialmente los del trío melódico que conforman el saxofonista/ flautista, el trombonista y el teclista. Ahora bien, no es exactamente una propuesta que otorgue el protagonismo a la improvisación, puesto que uno de sus atractivos reside en los medidos arreglos, en la precisión de las interpretaciones conjuntas. En todo caso, fueron improvisaciones muy medidas, pequeñas variaciones. Eso se pudo apreciar, por ejemplo, en su imaginativa versión de Soul Bossa Nova, de Quincy Jones, a la que añadió un irresistible interludio de jazzdance antes de retomar la conocida melodía.

Hubo pasajes funkys, otros elegantes que recordaron al mejor Nicola Conte, y un momento de absoluto trance en el original solo del batería, Hajo Von Hadeln. En la parte final, sorprendió con una curiosa cita a Sookie Sookie, de Grant Green [el tema sampleado por Us3 para Tukka Yoot’s Riddim, de Hand On The Torch (Blue Note, 1993)], y se ganó al público, todavía más, con su versión de Crosstown Traffic, de Jimi Hendrix. Al final The Hi-Fly Orchestra tuvo que ofrecer hasta dos temas extra y los asistentes aún pidieron más, así que yo no debí ser el único que disfrutó con su actuación. Luego tuve ocasión de hablar con el contrabajista y co-líder del grupo, Jerker Kluge, y entre otras cosas me anunció la inminente grabación de un tercer álbum, así que otra buena noticia. También expresó su deseo de venir a España con otro de sus bailongos proyectos, Cesar’s Salad, cosa que, en efecto, no estaría nada mal.

La noche se completó en Afrodisia Club con la sesión de Tobias Kirmayer, que es el director de Tramp Records, el sello que descubrió a The Hi-Fly Orchestra. Estuve allí, pero apenas si escuché cinco temas ―todos muy interesantes, funkys y bailables, cómo no― puesto que mi estricto horario no me permitía trasnochar más esa noche. Pero merecieron la pena las horas de sueño perdidas con tal de escuchar al grupo y de charlar de nuevo con uno de los más amables directores de sellos y pinchadiscos que conozco.

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