2018: Suspiria - Luca Guadagnino

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Suspiria - Luca Guadagnino
Luca Guadagnino.
SUSPIRIA.

7/10
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Distribuidora: Amazon Studio.
Edición: 2018.
País: Italia, Estados Unidos.
Género: Terror, Drama.
Categoría: Película.
Género musical: Pop/Rock, Electrónica.

Tras el éxito internacional de Call Me by Your Name (2017), nominación al Oscar a mejor película incluida, Luca Guadagnino sorprendió al anunciar su siguiente proyecto: una nueva versión de Suspiria (1977), el clásico del cine de terror de Dario Argento. A priori, una y otra película tenían muy poco que ver: decisión valiente. Visto el resultado, los dos films que tienen muy poco que ver son el original y la nueva versión.

Vaya por delante que me parece muy interesante realizar nuevas versiones incluso de obras excelentes que no parecen necesitar retoque alguno. Es una prácticamente generalizada en otros artes, especialmente en el musical que tanto nos gusta en esta página, así que bien está que se realicen proyectos de esta índole mientras las motivaciones sean artísticas.

Guadagnino parte del guión original y mantienen los aspectos básicos del relato. También está ambientada en la Alemania de los 70 -sustituye Friburgo por Berlín- y la protagonista es igualmente una bailarina estadounidense que acude a una academia de baile alemana a mejorar su técnica. Pero el nuevo guión de David Kajganich toma otra dirección desde el inicio. La escena inicial, en la consulta de un anciano terapeuta alemán, ya introduce un personaje más -y su consiguiente subtrama- que varía sustancialmente el desarrollo de los acontecimientos.

Es el primero de muchos cambios, uno de los cuales era casi inevitable: Guadagnino y Kajganich parecen dar por sentado que los espectadores interesados en su Suspiria conocen el original de Argento y su componente sobrenatural, así que no se molestan en esconder la condición de brujas de las matronas. No adelanto nada: en el material promocional figura la palabra ‘bruja’ como reclamo. Es más, durante la primera parte se permiten un chiste a propósito del doble significado de la palabra bruja. Por supuesto, se reservan una sustancial variación para el final, así que también el desenlace es sorprendente.

Los principales cambios, no obstante, tienen que ver con el enfoque más intelectual y político de la nueva versión. Por lo pronto, está estructurado en seis actos y un epílogo, curiosa decisión que, a mi parecer, distancia del relato. Por otra parte, las referencias a la situación política de Alemania son constantes -cada vez que se enciende una radio o una televisión, ahí están presentes los turbulentos acontecimientos de la época- y hasta se remontan al periodo Nazi. El planteamiento más ambicioso es loable, pero no sé qué aporta ese telón de fondo histórico. Incluso la subtrama protagonizada por el terapeuta y su desaparecida mujer acaba diluida entre el resto de sucesos sobrenaturales y tampoco sé qué propósito cumple en la narración.

Hasta ahí los aspectos de escritura. La otra cuestión que varía es el realismo que busca Guadagnino y que contrasta con el estilizado esteticismo de Argento. Solo en una de las más llamativas escenas retoma los tonos rojos del original, pero el resto del metraje opta por una fotografía y tono realistas, como mandan los cánones contemporáneos del género.

En una de las escenas entre la bailarina protagonista y su profesora, Madame Blanc (una Tilda Swinton convertida en una suerte de Pina Bausch), esta le dice a su discípula que el baile contemporáneo no puede ser bonito ni alegre. Tengo la sensación de que esa es la intención de Guadagnino respecto al film. Alegre por supuesto que no es, pero también renuncia a la belleza que sí favorecía Argento incluso en las más violentas escenas. Esta versión es más cruda, casi feísta en ocasiones. Eso no quiere decir que renuncie a una estética atractiva, porque se suceden las imágenes visualmente atractivas: las pesadillas de la protagonista, por ejemplo, están muy bien plasmadas. Tampoco faltan aquí escenas macabras y muertes violentas, pero son narradas con una búsqueda constante de hiperrealismo.

Son muchos los aciertos de la nueva Suspiria, por ejemplo el mayor peso otorgado a las escenas de baile, quizá el único aspecto que se echaba de menos en la original. Ahora bien, esta versión, aún siendo más serie, más ambiciosa y más compleja, acaba por resultar, paradójicamente, menos efectiva. Da la sensación de que Guadagnino confía más en el peso del guión que en los recursos estrictamente cinematográficos. Un dato sintomático: la música de Thom Yorke, aún siendo bella e inspirada, es aquí mucho menos impactante que la de Goblin en el film de Argento. [La banda sonora, por cierto, fue editada en Suspiria (XL Recordings, 2018)].

Puede ser que la película de Guadagnino juegue con elementos intelectuales que no sepa apreciar y que expliquen algunas de sus decisiones. Dicho esto, a un nivel más primario, como cine de terror, no funciona. Seguramente porque no quiso realizar un film de terror. No da miedo, al menos no según los estándares contemporáneos. En cambio, provoca tensión y repulsión en más de una escena, como el discutible desenlace.

En general, me parece una pena que saque una y otra vez la trama de la academia de baile, pues creo que reduce la eficacia del final. Naturalmente que no tenía por qué ceñirse a las limitaciones espaciales del original, pero basta con recordar que Argento sólo situó su cámara fuera del edificio para dos secuencias clave. En aquel film el edificio es tan amenazador e inquietante como algunos de los personajes que lo pueblan, aquí es un solo un decorado.

Nota musical: en el cuarto de una de las bailarinas vemos un póster de Neu!

Reseña Panorama
Puntuación
7
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