2005: La lección de música - Pascal Quignard

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Pascal Quignard.
LA LECCIÓN DE MÚSICA.
Editorial: Editorial Funambulista.
Publicación: Septiembre 2005. (Originalmente: 1987)
Género: Novela.
Traducción: Ascensión Cuesta.
Categoría: Libro.
Género Musical: ClásicaFolclore.
9/10

La lección de música recopila tres relatos de Pascal Quignard: "Un episodio extraído de la vida de Marin Marais", "Un joven macedonio desembarca en el puerto del Pireo" y "La última lección de música de Chang Lien". Son tres textos en los que, como es habitual en la literatura del escritor francés, diversos géneros conviven con admirable naturalidad, de modo que la novelización acoge el ensayo, el relato histórico, el aforismo, la teoría… Nada sorprendente en alguien que dijo: “en mí todos los géneros han caído”.

El primer relato se centra en un momento clave en la vida de Marin Marais, un músico del siglo XVII que perteneció a la escolanía de Saint-Germain-l’Auxerrois, pero que fue expulsado del coro debido a la muda de su voz. Esto supondrá el comienzo de sus inquietudes como intérprete, como virtuoso de la viola de gamba, y también como compositor. Partiendo de este suceso real, Quignard elabora una interesante tesis en la que asocia la muda de la voz que, acompañada por el crecimiento de los genitales y la aparición de bello, produce lo que él denominada la “mutación sexuada”, con la composición musical. Su atrevido argumento justifica el nacimiento de una supuesta vocación de escritura musical con un desesperado intento de recuperar una aguda vocecita infantil perdida para siempre. Para él, la interpretación de un instrumento y la composición funcionaría como sustituto de la voz infantil y apoya este razonamiento en el hecho de que tanto la interpretación como la composición permiten acceder a registros agudos que son físicamente inalcanzables por una voz masculina, una voz sexuada. Quignard elije a Marin Marais porque le sirve como claro ejemplo de apoyo a su tesis, pues el joven músico se interesa por la interpretación de la viola únicamente tras su expulsión del coro y la viola es justamente un instrumento que, en la época, era considerado como uno de los que mejor imitaban las florituras y melismas de la voz humana, especialmente de la femenina. Siguiendo con sus planteamientos, esto explicaría la escasez de mujeres compositoras, dado que, al no sufrir una mutación de su voz, no sienten una pérdida que necesiten reemplazar. Ahora bien, considero que este relato no pretende ser una seria justificación musicológica de esto último, sino más bien una bella disertación literaria, casi un divertimento intelectual.

Cuando la mutación sexuada se produce, al joven cantor se le presentan dos alternativas para seguir dedicándose a la música (no olvidemos que los coros escolásticos eran, para la mayor parte de familias pobres, la única manera de acceder a una carrera musical): la castración o el estudio de un instrumento. Dado que la expulsión del coro suponía el destierro, la vuelta a los orígenes humildes, en el caso de Marin Marais, a la profesión de cordelero de su padre, el único modo de mantener la carrera musical es convirtiéndose en virtuoso de un instrumento. En aquella época la castración era todavía literal, actualmente es metafórica, pero sigue siendo válido el concepto de castración. Naturalmente, con esta idea está creando un mito de artista, esto es, el profesional que, abnegadamente, estudia un instrumento después de sufrir una experiencia traumática (la muda de la voz que deriva en la expulsión del coro), que llega al arte interpretativo y compositivo desde el sufrimiento, tratando, inútilmente, de volver a la infancia perdida, al vientre materno. Quignard recurre incluso a una carta de Mozart a Marianne, escrita en 1770. Este, tras la muda de su voz, está triste por no poder ya cantar lo que escribe: “tengo los dedos tan cansados de escribir… Cansados, cansados, cansados”. El escritor francés considera que “componer música es recomponer un territorio sonoro que no muda”, una bella imagen. Por otra parte, al presentarnos a Marin Marais, descubrimos también la figura de su maestro de viola, el también compositor Sainte-Colombe, que, años más tarde, sería objeto de un relato de Quignard, Todas las mañanas del mundo, que dio lugar al film homónimo dirigido, en 1991, por Alain Corneau.

El segundo relato, "Un joven macedonio desembarca en el puerto del Pireo", retoma la muda de la voz como idea central, esta vez referida al nacimiento de la tragedia griega. El joven macedonio no es otro que Aristóteles, que fue uno de los mayores estudiosos de los géneros y, particularmente, de la tragedia, en su Poética. En este relato, Quignard retoma su particular prosa en la que su suceden los párrafos breves a modo de aforismo, cada uno consagrado a un idea determinada, de modo que el texto evoluciona de manera muy progresiva y es el lector el que debe ir hilvanando la argumentación del escritor francés para dar forma a su tesis. Partiendo del estudio de la etimología de las palabras y de su conocimiento del griego antiguo y de la cultura de la Grecia clásica, Quignard analiza el origen de la tragedia griega, la conversión de un sacrificio animal en favor de los dioses en un evento artístico, la incorporación del coro, el uso de máscaras… Simplificando, el escritor reflexiona sobre la muda de la voz, su asimilación al sonido producido por el macho cabrío, y su importancia en la creación de la tragedia tal y como hoy la conocemos. Esta explicación la apoya en el significado de la palabra “tragízein”, que tiene dos acepciones: “apestar como un macho cabrío y mudar la voz”, y esto nos lleva a “tragodía”, que quiere decir, literalmente, “el canto del macho cabrío”. También propone un acercamiento a la muerte, a la descomposición del hombre, su completa e irremediable desaparición, uno de los temas centrales de la bibliografía del francés. Este es un relato apasionante pero también el más intelectual y complejo de los tres, el que demanda una mayor atención del lector y el que exige un mayor bagaje cultural.

Finalmente, el tercer relato, La última lección de música de Chang Lien, es una conmovedora historia sobre la relación entre un virtuoso del laúd, Pu Ya, el “Músico-Más-Grande-Del-Mundo”, y su maestro, Chang Lien. Se trata de una reinvención de una nota erudita de Chang Fu-Jui, incluida en el libro de los mandarines. Pascal Quignard ha inventado los diálogos e imaginado los recuerdos, pero la escena final está tomada de la leyenda original. Como los otros dos relatos, transcurre en tiempo pasado, en este caso entre el 722 y el 481 antes de Cristo. Este texto es el único que mantiene el registro de ficción de principio a fin, y no propone incursiones en el ensayo, como ocurre con los dos anteriores. En La última lección de música de Chang Lien, Quignard imita la escritura de los proverbios chinos, el estilo conciso de los diálogos, la importancia de los silencios, la peculiar concepción temporal tan alejada de la contemporánea (véase, como ejemplo: “Chang Lien dejó pasar ocho meses sin convocar a Pu Ya”). Es una obra que muestra la hipersensibilidad de la época, la vida del hombre cercano a la naturaleza, y también cercano a los demás hombres. Uno de los elementos de mayor atracción es el dibujo de los dos personajes, Chang Lien y Pu Ya, y la complicada relación que se establece entre ellos, la relación maestro-discípulo, la ejemplar pedagogía del primero y la incondicional admiración del segundo, unos valores que provocan mayor admiración teniendo en cuenta la actual deteriorada relación profesor-alumno que se produce en algunos estadios de la formación académica, especialmente en el instituto.

Lo más interesante de "La última lección de música de Chang Lien", no obstante, es la figura del músico o, mejor dicho, el camino que debe seguir para llegar a la música. Este es el relato en el que está creando un mito de artista, en el que está contribuyendo a esculpir en nuestro imaginario una concepción del genio, del virtuoso, bien determinada. Pu Ya es, ya desde el inicio de la leyenda, el “Músico-Más-Grande-Del-Mundo”, lleva estudiando el laúd más de siete años, pero se enfrenta a los constantes reproches de su maestro que, tras destrozar sus instrumentos, le dice: “¡ahora, poned más sentimiento en la manera de interpretar la música!” En algunos pasajes, ni siquiera echará en falta algo más de sentimiento, pues no considera que interprete música: “todavía estás lejos de la música”. Del mismo modo que destruye sus valiosos instrumentos porque “la música no mora en los instrumentos”, no toma por válidas las razones de su alumno para dedicarse a la música: “la música no es silencio”, “la música no es la muerte, y si no es la vida, está muy cercana a la vida”, "la música no es el final de la tormenta, es la tormenta”. Para poder llegar a interpretar el laúd tal y como su maestro desea, Pu Ya deberá emprender un camino que le lleva al sufrimiento, al llanto, a la soledad, en el que debe reconocer su humildad, humillarse, impregnarse de humanidad. Debe renunciar a sus valiosos instrumentos para tocar un laúd de ínfima calidad, debe llevar a cuestas al restaurador de instrumentos (que, como guiño de Quignard, nos dice que se reencarnará en Tonio Stradivarius), soportar que su mucosidad caiga sobre su rostro, debe esperar “con hambre, con soledad, con miedo”. Sólo cuando toca mientras llora con dulzura, cuando llora “en el fondo de su corazón” y las lágrimas son sonidos, llega a convertirse en el mejor músico del mundo. Esa es la lección de música del maestro, aceptar el sufrimiento, la emoción, la humanidad, como parte del aprendizaje. El virtuosismo, la técnica, es sólo un primer paso, pero sólo tras un largo y doloroso camino alcanzará el don de la música. Aunque sea de manera bellísima, poética, y situando la historia en un tiempo remoto, está incidiendo en uno de los principales mitos de artistas, el del genio que sólo alcanza la música a través del sufrimiento, del sacrificio.

La lección de música es una obra sumamente recomendable sólo por los textos de Pascal Quignard, pero es que, además, se presenta con una preciosa edición de Editorial Funambulista y en una excelente traducción de Ascensión Cuesta.

Reseña Panorama
Puntuación
9
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